Hans Meyer Zu Düttingdorf - El canto del bandoneón

Crítica realizada por Kkekka

Un secreto guardado durante casi un siglo desvela una saga familiar en torno a una pasión a golpe de tango.
Una saga familiar ambientada en la Argentina no tan dorada de los años 20.
Tras la muerte de su madre, Christina, una periodista berlinesa encuentra una vieja tarjeta postal de Buenos Aires en que aparecen cuatro músicos y una misteriosa nota: «Este bandoneón alberga toda mi vida. E.»
Inevitablemente, Christina siente una gran curiosidad. ¿Acaso tiene en la mano una pista que al fin le permita averiguar algo más sobre la familia de su madre?
Su búsqueda la llevará a Argentina y a la década no tan dorada de 1920, cuando su bisabuela Emma partió hacia América del Sur junto a su marido. Pero el auge y la caída de una familia giran en torno a un amor prohibido que, a golpe de tango, cambiará su destino para siempre.

Cuando comencé a leer esta novela no sabía exactamente qué me iba a encontrar y a veces empezar un libro sin saber nada es la mejor manera. Está escrito a dos manos entre un alemán y su pareja argentina. Dos hombres que son capaces de narrar con extraordinaria sensibilidad ciertos pasajes de la historia del siglo pasado que no fueron nada fáciles.
A través de la búsqueda que comienza Christina para solucionar el misterio de la postal encontrada en la habitación de su madre, somos testigos del devenir personal, social y político de casi todo un siglo.

Christina, periodista de profesión, siempre creyó que su madre fue uno de esos huérfanos producto de los horribles bombardeos a los que fue sometida Berlín durante los últimos años de la guerra. Cuándo descubre que esta le mintió y que en realidad fue abandonada por su madre en 1947, siente que ha de entender y conocer todos los datos. Por ahora solo tiene una postal de unos tangueros de Buenos Aires y un nombre que se pierde en la inmensidad de un Berlín atestado de escombros y dolor.
Al mismo tiempo nos encontramos a Emma, una joven que en los años veinte conoce al que sería su marido. Un joven argentino de origen alemán que pretende unir su fortuna a los contactos de la joven. El matrimonio se celebra con la aceptación de ambas familias y es así como esta joven berlinesa cambia el frio del aquel invierno alemán por el calor argentino. Pronto se da cuenta de lo diferente que es todo allí, las distancias son mayores, hay mas soledad, la familia de Juan se le hace difícil, el idioma que no conoce... Pero un día en Buenos Aires durante su luna de miel ve a un joven tocando el piano y siente algo que no había sentido antes. Eso cambiará todo, no solo para Emma. Ese algo moverá toda la historia, cuatro días que significarán años.

Lo que más me ha gustado es la manera de retratar a ciertos personajes. La madre de Juan, esa mujer amargada, castigada por la vida, que no tiene piedad y cuyo corazón solo vela por su progenie sin aceptar nada que pueda perjudicar lo conseguido. Una matriarca poderosa pero que en muchas ocasiones se esconde esperando el momento para atacar. Los padres de Emma, en un plano de "reporteros" de lo que ocurría en Alemania durante los años previos a la guerra, el ascenso de ese grupo de exaltados que salían a la calle desfilando, la perplejidad ante la evolución de su hijo pequeño que hablaba entusiasmado de la idea de orgullo y patria, el dolor ante la visión de esa Alemania y la aparición de nuevo de la guerra en sus vidas.
Hay muchos personajes secundarios importantes en esta historia y no podría enumerarlos a todos. Cada uno es un eslabón fundamental para una historia que va paso a paso.
Luego tenemos a Juan, ese terrateniente argentino-alemán orgulloso y ciego ante el poder y el dinero. Un hombre que no se para ante nada para conseguir sus objetivos pero que carece de la habilidad de su madre. Sus negoción serán testigos de la historia político-económica mundial.
Emma, una joven de una época que desapareció de golpe y que aprendió cómo sobrevivir. Se dio cuenta de lo importante y de lo justo tanto en Argentina como en el mundo. El amor llamó a su puerta, quizá a destiempo, y la cambió para siempre.
Eduardo, ese músico de tangos, apasionado que vivía la vida como el tango. Un hombre que amó a Emma como amó esa música desgarradora. Un personaje propio de una época y de un momento.

Lo que menos me ha gustado. La novela no tiene un ritmo continuo, por desgracia se aprecian bastantes bajones y se podría decir que hay demasiadas "casualidades" en la trama. Estos golpes de suerte tan numerosos, restan un poco de credibilidad y a veces cansan.
Algunos personajes secundarios entran y salen con demasiada facilidad, dejando al lector con ganas de saber un poco más de ellos. Quieres en cierto modo, que sea esa persona y no otra la que acompañe a las protagonistas en sus aventuras y te da rabia que no sea así. Da la impresión de que se ha tejido una tela demasiado grande y en determinados momentos no se sabe manejar. Especial mención aquí al marido de Christine que, para mi gusto, no está bien tratado.

Desde luego, esta es una novela de mujeres, ellas son las grandes protagonistas. Ya sea para ser buenas, malas, sufridoras, victimas... Ellas con sus actos, con su capacidad para superar las situaciones, de callar ciertas cosas, de afrontar otras, son las que llevan el peso.

Una novela llena de nostalgia, de ese amor que lo cambia todo, de pasión, de historia... y como dice esta letra de tango

Nostalgias de las cosas que han pasado
arena que la vida se llevó,
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió

Mi valoración Buena

 

 

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