Gilles Legardinier - Días de Perros

Crítica realizada por Anasy

Cansado de vivir en un mundo en el que no encuentra su lugar, y triste por la pérdida de sus seres queridos más cercanos, el riquísimo Andrew Blake decide dar un giro radical a su vida y desaparecer. Así, el día que le van a otorgar el Premio a la Excelencia Industrial, como mérito a toda una carrera como empresario, deja su Londres natal y se marcha al campo en Francia... ¡a trabajar como mayordomo! Cuando llega a Beauvillier se da cuenta enseguida de que la mansión ha perdido el alma que tuvo antaño...

Entre sus habitantes están Nathalie, su patrona viuda y de horarios y exigencias extrañas Odile; una cocinera refunfuñona; Manon, una joven que no sabe lo que quiere, y Philippe, el jardinero y manitas que vive en la casita del jardín y se pelea con todos... La relación entre todos es un caos, y está llena de malentendidos y situaciones absurdas, así que Andrew no tiene otra opción que intentar poner orden en esta caótica casa...Ah, ¡y hacerse amigo de Méphisto, el gato de Odile!

OPINIÓN:

No me esperaba nada bueno de este libro cuando me lo leí hace unos meses, ni su argumento ni haber leído el anterior libro del autor, me auguraban buenas perspectivas sobre Días de perros que me lo compré en un momento en el que no tenía nada interesante para leer, pero me equivoqué, a diferencia de su anterior libro (Mañana lo dejo), éste va de menos a más, si el primer capítulo no te dice gran cosa, en seguida te ves enganchada por esta divertida historia con un estilo muy francés.

Andrew Blake es un inglés con una gran fortuna y una gran empresa que ya bien pasada la mediana edad se encuentra aburrido y sin un propósito concreto en la vida, su hija vive al otro lado del mundo desde que se casó y su querida mujer falleció hace muchos años, se siente solo y desanimado, así que no se le ocurre mejor idea, ayudado por su mejor amigo, que dejar todo en manos de su eficiente secretaria y marcharse a Francia a ejercer como mayordomo, vamos, lo típico en un hombre rico con todos los lujos posibles al alcance de la mano.

Andrew llega a la mansión francesa donde se encuentra con personajes muy interesantes, su dueña, la viuda Nathalie, la refunfuñona cocinera Odile dueña de un gato, en mi opinión un protagonista más, Mephysto, la joven sirvienta Manon y el jardinero u hombre para todo, Phillipe.

Desde que Andrew entra por la puerta sabe que en esa mansión pasa algo, se ve que la dueña está pasando por algunos apuros económicos que por supuesto no quiere compartir con el nuevo mayordomo, Odile es abiertamente hostil en un principio y prepara manjares para Mephysto que no prepara para el resto de los habitantes de la casa, Phillipe se mantiene alejado de ella pues es el que más sufre su hostilidad pero acoge de muy buena gana a Andrew, ambos idearán muchos tejemanejes de lo más interesantes, y la joven Manon es una chica encantadora enamoradísima de su novio y con grandes sueños de futuro. Y luego está Mephysto, gato peculiar que siempre quiere mantenerse a la misma temperatura, y que vive como un marajá.

Me reí mucho con este libro y sus personajes, a veces llegan a lo absurdo, no lo niego, pero es un libro que engancha y que te hace pasar un rato estupendo con Andrew, Nathalie, Mannon, pero sobre todo con el gato, Odile y Philippe donde saltan chispas tanto para bien como para mal.

Libro sobre las segundas oportunidades, donde los lujos no dan la felicidad, entretenido, lleno de un humor muy peculiar que aunque tenga situaciones a veces un poco surrealista no cae en el humor tonto o poco inteligente y te deja una sensación muy positiva y alegre.

 

 

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