E. M. Hull - El árabe

Crítica realizada por Teresa

Diana Mayo es una elegante, inteligente y a su vez independiente dama de sociedad londinense y esta aburrida de su vida social y sus pretendientes, razón por la cual decide hacer un viaje por el desierto árabe sin hacer caso a las advertencias de su hermano. Al segundo día, Diana es secuestrada por el poderoso Ahmed Ben Hassan, El Árabe. La obliga a entregarse y doblegarse, pero cuanto Diana más se resiste, más se enamora del Árabe. La aventura de Diana continúa cuando es secuestrada y casi asesinada por uno de los grandes enemigos de El Árabe en un plan tramado por Zardia, una celosa amante.

Hay escritoras de hace años que imprimieron un estilo propio y se hicieron notar. Ahora, algunas están prácticamente olvidadas. Pero de vez encuando llega a nuestras manos una de esas novelas antiguas y es una de ellas la que me gustaría comentar aquí, más que nada por analizar un poco el estilo utilizado hace años.

Esta novela nos cuenta la historia de Diana, una muchacha de la alta sociedad de Londres hastiada de ser el centro de atención de un sinfín de pretendientes. Esa es la causa por la que decide viajar al desierto, para alejarse de tanta pompa y zalamerías. Terca y porfiada, no hace caso a las advertencias de peligro que un viaje así conlleva. Las consecuencias son funestas, puesto que es hecha prisionera por Ahmed Ben Hassan, El Árabe, un hombre poderoso que la obliga a concederle sus favores.

Lo de obligarla a concederle sus favores lo digo por suavizar el asunto. Es curioso que en el tiempo en que se escribió esta novela, más de una historia trataba de la violación de las protagonistas. Francamente, es algo que nunca he logrado entender. ¿Es que eso era lo que se llevaba en romántica? La verdad, prefiero las novelas de ahora donde ese tema espinoso no sale, o sale poco, o se trata con bastante más delicadeza.

Lo curioso, también, es que las protagonistas acaban coladas por ese sujeto que las fuerza. Hala, síndrome de Estocolmo a raudales. Aquí pasa eso, Diana se resiste como gato tripa arriba, pero cuanto más se resiste, más se enamora. Eso sí, hay traiciones e intriga a manos de Zardia, la amante, que intenta quitarse a Diana como competidora por el amor del protagonista.

Ahora no nos gusta demasiado este tipo de pasajes, pero en su tiempo la novela fue un éxito total, tanto que se llevó al cine y la interpretó ni más ni menos que un actor de gran taquilla: Rodolfo Valentino.

La ambientación de la historia es bonita porque toca lugares exóticos, el desierto, los jeques árabes. La autora consigue situar muy bien al lector, de eso no hay duda. Pero a mí se me atragantó la novela con los abusos, y es que no entiendo cómo es posible que una mujer secuestrada y violada repetidas veces acabe babeando por el chico, por muy bueno que esté. Posiblemente por la trama se habló tanto de este libro. Menos mal que, dada la época, las escenas calientes no son nada explícitas. Tampoco se podía, claro.

Dentro del marco de un país lleno de misterio como es Argelia, florece un romance entre el árabe y Diana, que es recíproco. Sí, sí, también él acaba loco por la inglesa. Y además, hay acción, el secuestro de la heroína por un jeque rival, un secreto que se desvela al final de la novela, no sé si para suavizar lo de las violaciones. No lo cuento, no, que quitaría la intriga.

El libro tiene todo lo que podemos buscar en una novela romántica: acción, romance, aventura, problemas raciales. Es una pena que la historia quede eclipsada por la forzosa sumisión de una mujer y que, encima, nos la regalen como algo romántico.

Sea como sea, esta autora fue una de las precursoras de la romántica actual, afortunadamente cambiante, y aunque solamente sea por eso merece unas líneas.


Crítica realizada por Bona Caballero

"El árabe" (título original, "The Sheik", 1919) de E. M. Hull está considerado un clásico dentro de la novela romántica.

Al menos, es predecesora de todas esas historias en que el "héroe" secuestra y viola a la chica. Y ésta, sufriendo un síndrome de Estocolmo "avant-la-lettre", cae rendida a sus pies y se enamora locamente de su captor. También es de las primeras en las que se sigue la pauta héroe exótico/ tierna florecilla anglosajona. Pensemos en los jeques de Sandra Marton.

Diana Mayo es una joven inglesa y adinerada. Su hermano la ha criado como si fuera un chicote. Montar a caballo, cazar y pescar son sus máximas habilidades. No la interesa la vida en sociedad. Sus pretendientes la aburren. Diana no quiere a nadie, ni a su hermano. La indiferencia es recíproca.

Decide cumplir su sueño de viajar por el desierto, a pesar de que le advierten de que es peligroso. Ahmed ben Hassan decide secuestrarla. "Lo que yo quiero, lo tomo", es el lema del gañán. Es guapo y exótico. Y un violador. Aunque no hay descripciones explícitas, queda claro que la obliga a tener sexo con él. Por la fuerza. Repetidas veces.

Esta mujer moderna, fuerte e independiente, descubre hecha un mar de lágrimas que nada puede contra la fuerza bruta. Y, al día siguiente, nada de "yo no quería, pero él lo hizo tan bien que me elevó al séptimo cielo". No, está destrozada. Su orgullo le reprocha haber sido débil, haberse arrastrado, llorado y suplicado infructuosamente. Débil y aterrorizada, siente que ha llegado a lo más hondo de la degradación.

Ahmed es una auténtica "joya". Por ejemplo, tiene un caballo violento que ya ha matado a tres hombres. Diana le dice que deberían pegarle un tiro. Pero no, como al amo le gusta ese caballo malévolo, le deja campar por sus respetos. Se ve que la vida de su pobre gente vale menos.

Cínicamente, Ahmed la trata como si fuera una invitada voluntaria. Su relación discurre con diálogos de este tipo:
Él: "Ven aquí... No estoy acostumbrado a que me desobedezcan".
Ella: "Y yo no estoy acostumbrada a obedecer órdenes".
Él: "Aprenderás".

La decidida mujer del principio se vuelve un perfecto felpudo. Ahmed quebranta su espíritu, la doma como si fuera un animal. Sin razón aparente para ello, a mitad del libro Diana decide que se ha enamorado. Y después, siguen los tópicos de "amor y aventuras" en el desierto argelino.

Este libro fue un superventas en los años veinte. Lo llevaron al cine con Rodolfo Valentino. Pero en "El caíd", el arrogante y noble héroe no la fuerza, sino que la seduce.

Personalmente, no encuentro atractivos a los violadores. Aunque aparecen en unas cuantas novelas románticas. Y de las clásicas "de toda la vida". Sin pensarlo mucho, me vienen a la cabeza: "La llama y la flor" (1972) de Kathleen Woodiwiss, "La novia cautiva" (1977) de Johanna Lindsey, "La amante cautiva" (1980) de Shirlee Busbee, "Tú eres mi amor" de Judith McNaught, "Promesa audaz" (1989) de Jude Deveraux o más recientemente, "La mujer cautiva" (1995) de Patricia Gaffney.

Incluso hay estudios. Thurston (1987) en "The romance revolution: Erotic novels for women and the quest for a new sexual identity" (La revolución del romance: novelas eróticas para mujeres y la búsqueda de una nueva identidad sexual) afirma que el 54% de las novelas románticas incluyen la violación de la heroína. Y en 1983 Hazen publicó "Endless rapture: rape, romance, and the female imagination" ("Éxtasis interminable: violación, romance y la imaginación femenina"). He visto relacionado este tipo de ficción con el hecho de que un elevado número de mujeres tienen fantasías eróticas de sexo no consentido, algo en principio incomprensible porque las mujeres no queremos que eso nos pase en la realidad.

¿Por qué en tantas novelas antiguas el héroe ejercía violencia sexual sobre la heroína? Quizá fuera una forma de superar la dualidad victoriana "esposa pura" / "amante viciosa". Las heroínas podían ser dignas pero tenían que empezar a ser también carnales. El sexo tenía que ser parte de la relación amorosa. Al principio de la historia, el héroe frío emocional imponía su sexualidad a una heroína renuente. Al final, él había aprendido a amar y ella a gozar del sexo.

Afortunadamente, este tipo de comportamientos ya se ven poco. Incluso en las eróticas subidas de tono, aunque haya sadomasoquismo, suele quedar claro el consentimiento de la mujer a ser tratada como objeto.

Dejando a un lado esta cuestión, la novela en general está bien escrita. Recrea perfectamente la ambientación en el desierto y el retrato psicológico de Diana Mayo, sus pensamientos y sentimientos. No es un libro de diálogos rápidos e ingeniosos, sino más bien descriptivo.

Valoración: 4/10. Una reliquia del pasado.

 

 

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