Carmen Sereno - Nadie muere en Wellington

Redactoras: Críticas de Maribel Moreno

Valoración:

Crítica realizada por Maribel Moreno

Después de lo mucho que me gustó la bilogía Estocolmo tenía que leer lo nuevo de Carmen Sereno, que dicho sea de paso, se ha superado todavía más.

Esta es una historia totalmente diferente a aquella, es dura y con mayor carga dramática, pero igualmente bonita.

Emma ha llegado a un punto de su vida en que se siente vacía, perdió a sus padres cuando apenas tenía ocho años, vive con su tía que, aunque la ha cuidado siempre, no  le ha demostrado mucho cariño y  su trabajo no le llena igual que la relación con su novio. Cuando otra tragedia llama a su puerta, ve la ocasión para alejarse de Londres con todo lo que conlleva y empezar de cero en un lugar lejano.  Ve en una revista un artículo en el que dice que Nadie muere en Welligton y no se lo piensa dos veces, ese es el destino que quiere escoger.

Emma encuentra trabajo en una pequeña cafetería donde la especialidad son los bagels. Su propietario, David,  no da abasto de atenderla y de cocinar, además de que  su carácter es arisco y ahuyenta a los clientes.

Emma entra con buen pie y se siente feliz, los clientes aumentan y le cogen cariño. Pero ella cada vez se siente más atraída por David, aunque el joven  ha erigido una coraza tan grande alrededor suyo, que es dificilísimo acceder a su corazón, aunque si algo tiene Emma es tesón y se ha propuesto que se abra a ella.

Me ha parecido una novela muy bonita y muy emotiva, es sentimiento en estado puro.

En cuanto a los personajes me han gustado mucho, aunque es Emma la que se lleva la palma.

Emma es una joven que a pesar de todos los golpes que le ha dado la vida, se ha levantado siempre, y si algo tiene es positivismo. Es cabezota y tiende a conseguir lo que se propone, además de cercana y  simpática. Me ha encantado cómo ha ido evolucionando a lo largo de la historia, haciéndose cada vez más fuerte y tendiéndole siempre la mano a David, aunque con él sea avanzar un paso y retroceder dos.

David, ¡ay, David! Qué personaje tan  hermético. Tiene un aura de dolor, de culpabilidad, que solo se va disipando con el coraje y la ayuda de Emma.  Se nota que algo le atormenta y el pasado no le deja avanzar, pero poco a poco se va abriendo y vamos descubriendo aquello que le oprime el corazón.  Su autoconvencimiento de que no merece el cariño de Emma, hace que la relación entre ellos sea pausada y en ocasiones dolorosa.

Secundarios no aparecen demasiados pero hay que destacar a Kauri, el amigo maorí de David, un joven alegre que siempre está ahí para su amigo, aunque de vez en cuando se dé de bruces con su caparazón.

Hay que subrayar el increíble trabajo que ha hecho la autora con la ambientación, me ha encantado ver y aprender como son las tradiciones y  el folklore de una tierra que para mí es muy interesante.

La narración es en primera persona desde el punto de vista de Emma, y aunque en ocasiones se echa en falta el punto de vista del protagonista, en este caso no ha sido así, porque a través de ella hemos ido descubriendo todo lo que David esconde.

Nadie muere en Wellington es una preciosa novela de segundas oportunidades, una historia de superación personal de dos personas que cargan con una gran mochila a sus espaldas y que necesitan vaciarla para poder alcanzar la felicidad, y solo juntos pueden hacerlo.

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