Díaz de Tuesta: Entrevista

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Jueves, 15 Septiembre 2016

Bienvenida a El Rincón de la novela romántica, Yolanda. Muchísimas gracias por acceder a responder unas preguntas para nuestro portal, y enhorabuena por la publicación de tu novela El mal causado.

Gracias a vosotras, de todo corazón. Es un placer enorme estar aquí.

¿Qué papel juega la Literatura en tu vida?

Uno básico, porque se trata de uno de los pilares sobre los que se sustenta todo mi mundo. La familia, los amigos y las historias que he leído o que he vivido a través de mi imaginación, y que siempre sigo creando, lo son todo para mí. No sería la misma sin Ana Cruz-Ortega o sin Nat Chueca, o sin tantas otras protagonistas a las que he dado forma solo con papel y tinta.

Detrás de una buena escritora siempre encontramos una ávida lectora. ¿Qué le gusta leer a Díaz de Tuesta?

No tengo un género concreto, me gustan muchos, sobre todo los fantásticos, aunque también he disfrutado mucho con Shakespeare, Lorca o con García Márquez. Tolstoi, Carmen Laforet, Almudena Grandes, Margaret Mitchell, Dostoievski, Louisa May Alcott, Pérez-Reverte... Como veis, un buen conglomerado.

Pero, sin duda, el género fantástico es mi preferido. Crecí con los clásicos y, de jovencita, siempre decía que, cuando me hiciese mayor, quería ser Ray Bradbury. Maestros como Poe, Lovecraft, Jack Vance, Úrsula K. LeGuinn, Tim Powers, Stephen King, Tolkien y tantos otros (muchos otros), me enseñaron todo lo que sé de la profesión de escritor. Uno que conocí ya bastante mayor y que se unió al grupo de mis imprescindibles fue Andrzej Sapkowski, grandísimo autor (su saga de El Brujo, de Geralt de Rivia, es soberbia). Me fascina todo en él, pero sobre todo sus diálogos.

Pero, por mucho que disfrutase de todas esas novelas, en su mayor parte siempre sentía que algo les faltaba. Tardé en comprender que, para que una historia me resulte de verdad «completa», el romanticismo debe estar presente. A priori (siempre hay excepciones, puesto que muchas me han gustado) no me terminan de convencer las historias asexuadas, aquellas en las que la trama no tiene ningún momento romántico.

Que cuente como dato importante el que haya hombres y mujeres con sus semejanzas y sus diferencias, con amores apasionados que aceleren el pulso, me resulta vital para que un argumento me interese de un modo especial.

¿Qué novela romántica encabezaría tu lista de imprescindibles?

Sin duda, «Lo que el viento se llevó», de Margaret Mitchell. Sé que tiene ya un tiempo y que no encaja totalmente en el requisito de «final feliz», sin sombras, con el que debe contar una novela romántica en sentido estricto, pero yo siempre lo he visto como un «final abierto», en el que se muestra la puerta que va a arreglar las cosas.

Ese soberbio «mañana será otro día», que tanto caracteriza a la combativa Escarlata, nos deja en las manos un final lleno de esperanza. La época, el estilo y la ambientación, por supuesto, son fascinantes. Ojalá algún día pueda escribir algo de semejante nivel.

signos-diaz-de-tuesta¿Cuándo te planteaste convertirte en escritora?

En realidad, nunca, pero porque siempre lo he sido, desde que me alcanza la memoria. Cuando tenía nueve años «completé» mi primer cuento, aunque para entonces ya había llenado muchas líneas de cuadernos con mis historias y mi letra de niña; cosas siempre inconclusas, por supuesto, los dos o tres párrafos que se me iban ocurriendo sobre la marcha, mientras me apetecía.

Pero recuerdo eso, la emoción de poner la palabra «Fin». ¡Había acabado un cuento! ¡La historia tenía un principio y un final (poco más tendría, digo yo; aunque no me acuerdo de cómo era, sospecho que no ocuparía más allá de un par de páginas del cuaderno), estaba completa! Pena que aquel relato se perdiera en el pasado remoto de un verano que ya solo vive en mi memoria, porque seguro que ahora resultaría entrañable leerlo.

Siempre me he visto escribiendo. De hecho, en los tiempos previos a la democratización de la escritura por la aparición de los ordenadores (que facilitan muchísimo el trabajo), cuando tenías que usar bolígrafo y papel o con suerte una máquina de escribir de cinta, folio a folio, siempre fui «esa chica rara que escribía». En el colegio, le pasaba mis relatos a mi profesora de literatura y, hasta en tiempos posteriores, cuando yo ya acudía a la universidad, me llamaba por teléfono a mi casa para decirme su opinión y para tratar de convencerme de que dejara de escribir «esas tonterías fantásticas» y me pusiera con algo serio, con lo «realista». Yo la apreciaba mucho, pero en ese aspecto nunca estuve de acuerdo con ella.

Así que, no, en mi caso no se produjo ese momento en el que se da el paso, no ha habido transición. Es lo que siempre he sido y lo que soy: escritora.

Toda autora tiene unas señas de identidad que la distinguen. ¿Cuáles crees que son las que marcan tu trabajo?

Quizá que me gusta trabajar mucho mis textos, no solo la historia que cuento. Un trabajo final es el conjunto de varias cosas y me importa todo en la misma medida: el argumento, los personajes y el estilo, hasta el de la línea menos importante. Soy una correctora compulsiva, no puedo evitarlo. Siempre recuerdo aquella famosa frase de Jorge Luis Borges, en la que afirmaba que publicar era la única forma de dejar de corregir. Mientras no entregase su obra a los editores, seguía dándole vueltas, porque siempre, toda frase, era mejorable.

Reconozco que a mí me pasa lo mismo: mil veces que mire, mil vueltas que le seguiría dando, y corrigiendo detalles y cambiando cosas.

signos2-diaz-de-tuestaPero, a otro nivel, sí que hace tiempo me voy dando cuenta de algo en lo que no había caído, pero que parece muy habitual en mi trabajo: mis historias tienden a ser familiares. Y con ello no me refiero a que sean historias entrañables de parientes felices sonriendo frente a la chimenea o el televisor, sino que mis personajes suelen formar parte de un entramado familiar importante para el propio argumento, igual que forman parte de un entramado de conocidos, amigos y enemigos, y más allá, de una época.

Es cierto que no siempre aparecen los padres, las madres o los abuelos; los hijos o los tíos o primos. Ni aparecen en todas mis historias ya escritas ni tienen por qué aparecer en todas las del futuro, por supuesto, porque realmente no es algo que busque de forma consciente y deliberada. No me siento un día y empiezo a darle vueltas a cómo meter al padre de la chica o al tío del chico.

Simplemente, me he dado cuenta de que tiendo a integrar de forma natural esa parte de sus relaciones, quizá porque siento que siempre los enriquecen. Nadie surge de la nada y, esas raíces, son importantes.

Sabemos que escribes libros de varios géneros diferentes, ¿qué razones te llevaron a escoger la literatura romántica?

Creo que es algo que no se elige, no se escoge, se siente. O te llama, no sé. Ya de cría había leído «Lo que el viento se llevó» y luego encontré bestsellers como «Avenida del Parque 79» (el primero que me ha venido a la memoria, hubo muchos), que podría considerarse de trama romántica, pero no entré en contacto con el género tal cual lo conocemos, hasta que cayó en mis manos «Caprice», de Sara Hylton.

Aquel libro fue todo un descubrimiento. Al leerlo, tuve la sensación de que se apartaba un velo de mis ojos y veía las cosas de otro modo: de pronto, supe que esa era la clase de literatura que más me apetecía leer. Una en la que el amor, el sexo y las pasiones derivadas del conflicto se integrasen perfectamente con una trama bien elaborada.

No os podéis imaginar qué alegría me llevé. ¡El género que yo intuía como preferido, existía y tenía su propio nombre y sus propias normas! Empecé a buscar otras novelas del estilo y leí muchísimas antes de conseguir escribir una realmente válida, en la que busqué plasmar los detalles básicos que había ido entresacando gracias a mis lecturas (cómo debían ser los protagonistas, ambientes, épocas, costumbres y, sobre todo, ese «final feliz» básico, aunque durante mucho tiempo no fui consciente de que ese fuera un requisito, simplemente porque nunca me planteé que una novela romántica pudiera terminar mal), unidos a lo que yo quería darle por mí misma, ese toque personal necesario en cualquier autor. Así nació «Trazos secretos».

¿Fue Trazos secretos la primera novela romántica que escribiste?

Sí. Desde luego, hubo varias tentativas anteriores, pero todas muy tópicas. Ninguna fructificó más allá de unos cuantos folios, quizá porque poco tenían mío, me limitaba a repetir esquemas y planteamientos. A este respecto debéis tener en cuenta, además, que yo venía de otros géneros y, al leer mis primeras novelas románticas, algunas aparentemente ligeras, me dije «eh, esto tiene pinta de ser fácil de escribir».

No podía estar más equivocada. Escribir romántica requiere la misma concentración a la hora de trazar el argumento y la misma cantidad de sudor que cualquier otro género a la hora de estructurarlo, a lo que se añade que, al ser los personajes y su relación la base de todo, deben estar especialmente bien diseñados. Deben tener una vida propia perfecta y enamorar por completo al lector, porque es lo que busca, en una historia de este tipo, sentir el amor.

Qué pobre incauta era yo entonces. ¿Más fácil de escribir? Ni de lejos. Sea cual sea el género que abordes, si escribes una novela debes hacerlo bien: deben contar con una trama interesante, además de un ritmo y un estilo en el que hay aprender a aportar la mayor calidad posible. Y nada de eso surge fácil, nada, hay que currárselo mucho.

¿Qué nos puedes contar sobre la trama de Trazos secretos?

Que es una trama compleja, una historia de aventuras, de espías, de venganzas, con misterios y secretos que se van desvelando poco a poco. Cada lector decidirá si el resultado le gusta o no, y estará en su derecho de hacerlo, pero escribirla supuso un trabajo enorme, en cualquier caso.

Me van las aventuras, creo que siempre lo he dejado muy claro. A veces me planteo escribir simplemente una historia de amor, algo sencillo en el que lo más turbulento que pueda suceder sea que se rompa una taza de té por el temblor de una mano, pero me pongo a ello y no suele terminar de convencerme.

Tarde o temprano, se me escapan los dedos por el teclado, que corretean persiguiendo siempre a mi imaginación, y así surge el terrible crimen sin resolver, el misterio de la desaparición, el secuestro, el secreto... Algo que se sale de lo puramente cotidiano.

Y es que, igual que una historia de ciencia ficción, por ejemplo, tiene que tener su puntito romántico para que me llene del todo, una historia romántica debe tener su punto de aventura para que despierte mi interés. Me gustan los enigmas, las sorpresas, las tramas que ocultan tramas y que suponen un desafío para el intelecto de los lectores.

La de «Trazos secretos», en concreto, tiene un poco de todo lo mencionado: es una historia de espías, de venganzas y de amores aparentemente imposibles. De desesperación y lucha enconada contra el destino en una época que nos parece luminosa en la distancia, pero que resultaba muy difícil para quienes tuvieron que vivirla. Hay una trama pasional muy fuerte que da sentido a todo, incluso a la propia existencia de la novela, pero también una historia de acción, de aventuras, a la que dediqué muchas horas.

Como dije antes, escribir esa novela me llevó mucho tiempo y esfuerzo, pero estoy muy satisfecha del resultado.

Tierno, apasionado, desgarrador... ¿Cómo es el amor entre sus protagonistas?

«Apasionado» y «desgarrador» se ajustan mejor, por los problemas que sufren. Pero también es tierno, claro, puesto que se aman. Al fin y al cabo, si hay amor verdadero, estamos hablando de un espacio sentimental, en el que están implicadas personas que se sienten muy sensibles, casi en carne viva. Momentos tiernos siempre debe haber, pero en este tipo de historias se plantean conflictos que obligatoriamente tienen que resolverse.

Supongo que el amor, en una novela romántica, tiene que ser como un sendero difícil que sube por la cuesta de una montaña, un camino estrecho, pedregoso y muy empinado que te desespera y te roba el aliento. Pero al final, solo al final, descubres que el ascenso ha merecido la pena, porque te ha llevado a una posición desde la que puedes contemplar el más maravilloso de los paisajes.

Construir un buen argumento supone un gran esfuerzo, ¿cómo fue el proceso de documentación para Trazos secretos?

Cierto, escribas de lo que escribas, raro es que no tengas que documentarte sobre un tema u otro, pero en novela histórica ese trabajo es mucho más arduo. Tienes que conocer la época lo mejor posible, leer sobre sus gentes, sus hechos, y digerirlo todo bien para «visualizarlo» de verdad (al menos, a mí me pasa), porque eso es lo que te permitirá luego mostrarlo a otros con vida auténtica, no como un decorado de cartón piedra. O, también, evitar que des la impresión de que estás escribiendo un libro de texto, con una avalancha absurda de datos históricos muy chulos y muy eruditos, pero que no es lo que los lectores están buscando.

Para «Trazos secretos» tuve que buscar información de muchos tipos. Desde cómo era el Londres de la época hasta qué corrientes pictóricas tenían más influencia en ese momento, en el mundo occidental; cómo estaba la situación del gobierno en España, antes y después de la llegada del joven rey Alfonso XII; y, desde luego, tuve que empaparme algo con detalles del mundo árabe de aquellos tiempos, para poder crear de la nada la isla-estado de Kaifar. A mi aire, sí, pero con rasgos que la hicieran creíble a otros ojos.

Me llevó mucho tiempo documentarme, mucho más que el escribir la novela en sí. Pero, bueno, es algo habitual en mí. Me gusta mucho trastear por la web, ahora que existe, o buscar datos curiosos en libros, para «vestir bien» las novelas.

Y ahora nos sorprendes con El mal causado, una novela muy diferente a la anterior. ¿Qué caracteriza a esta historia?

Sí, son novelas muy diferentes. «Trazos secretos» era una novela de aventuras, de héroes y heroínas. Eso significa que allí, los personajes, aunque tienen que ser y sentirse humanos (eso siempre es obligado), también son arquetipos al más puro estilo. La protagonista, por ejemplo, sabe hacer muchas cosas peculiares porque es una agente entrenada (como lo es James Bond en su propia serie), no la vecina del tercero. Las situaciones que viven no son algo que puede pasarle a cualquiera cuando sale a comprar el pan, sino grandes aventuras: piratas, duelos, traiciones, espionaje... Y se caracteriza porque, pese a las muchas sombras que se plantean, todo lo envuelve el brillo de lo heroico.

«El mal causado», por el contrario, es una historia más oscura y mucho más cercana. Tiene lugar en nuestra realidad y está situada en Bilbao, aunque podría ser la ciudad de cualquier lectora, o incluso Nueva York o Londres, pero no quise que fuera en el extranjero porque debemos irnos acostumbrando, que ya toca, a que también nuestro propio entorno es un maravilloso decorado romántico para grandes historias.

En esta, en concreto, los protagonistas tienen conflictos interesantes o llamativos (al fin y al cabo es una novela, debe mantener el interés y captar de continuo la atención), pero no son héroes. Ese es otro detalle que caracteriza a «El mal causado». Sus personajes solo son gentes normales que tratan de sobrevivir en una vida difícil.

¿Cuáles han sido los mayores desafíos a los que te has enfrentado escribiendo El mal causado?

Podría pensarse que elaborar las subtramas, los casos a los que se dedican los protagonistas, porque ha implicado plantear varias historias que debían tener el suficiente interés por sí mismas, pero sin destacar demasiado, porque no debían ensombrecer el resto. Además, había que entrelazarlas bien todas, siempre buscando mantener el ritmo general.

Pero, la verdad es que lo que más tiempo de reflexión y trabajo me ha llevado ha sido la relación romántica entre los dos protagonistas, tremendamente borrascosa. Lo sucedido antes, ese terrible mal causado que luego pesa tanto sobre toda su vida en común, el modo en que lo tienen que ir afrontando día a día y los traumas suscitados por las consecuencias, fueron todo un desafío.

¿Qué tipo de lector crees que disfrutará más con este libro?

Espero que todos, al menos todos los que disfruten habitualmente con el género del suspense romántico. Creo que la historia de amor entre Nat Chueca y Javier Balboa tiene la suficiente fuerza y que el conflicto resulta interesante, con una trama lo bastante compleja como para mantener el interés y la intriga.

Puede que no sea una historia ligera, pero tampoco es una historia densa, ni mucho menos. Es, como todas mis novelas: me gusta darle la intensidad suficiente como para mostrar personas, no personajes, y mostrar paisajes y ambientes vivos, no decorados. Todo ello tratando de cuidar mucho el estilo, como siempre.

Muchas gracias por habernos respondido a estas preguntas. Queremos desearte mucho éxito con El mal causado y toda la suerte del mundo en tu carrera como escritora.

No, por favor, gracias a vosotras. De verdad os digo que, el apoyo que nos dais a las escritoras de romántica en este país, no tiene precio. En nombre de todas y en el mío propio, quiero daros un millón de gracias.

 

Comentarios (9)

  • karla rodriguez

    03 Octubre 2016 a las 03:32 |
    me lei trazo secretos y me parecio una gran historia con una muy buena ambientacion, gran quimica entre los protagonistas y unos grandes dialogos
  • Roxana

    01 Octubre 2016 a las 14:17 |
    Me gusta lo que dice sobre la importancia de que la parte no romántica de la trama mantenga el interés. Una carrera muy variada y que nos dará muchas más alegrías.
  • Cynthia HJ

    21 Septiembre 2016 a las 14:56 |
    Me ha encantado leer esta entrevista y conocer a esta autora que, hasta ahora, para mí era desconocida. Me gusta mucho lo que transmiten sus palabras, cómo define sus historias, el hecho de las relaciones familiares de los personajes o cómo se esfuerza mucho porque la novela esté bien escrita (¡esto es algo que yo valoro mucho!). También me gusta que base sus historias en España, como en "El mal causado" porque opino como ella: aquí también se pueden ambientar buenísimas historias de romance.
  • Luciago

    19 Septiembre 2016 a las 09:40 |
    Una entrevista estupenda, gracias.
    Este mes he leído Trazos secretos y, es mi primer encuentro con esta estupenda escritora, la cual me ha encantado y de la cual espero seguir leyendo sus apasionantes historias.
    Espero que El mal causado me guste igual o más que Trazos secretos y, espero que pronto salga la segunda parte de este último.
    Muchas gracias.
  • Danna Fraser

    16 Septiembre 2016 a las 21:48 |
    Muy buena entrevista, me ha picado la curiosidad.
  • Elizabeth Urian

    16 Septiembre 2016 a las 21:16 |
    Una entrevista muy completa que nos acerca más a Yolanda.
    Enhorabuena.
  • Malory

    16 Septiembre 2016 a las 18:35 |
    Estupenda entrevista que nos permite conocer un poquito más a esta gran autora. Gracias y enhorabuena, Yolanda.
  • Bel

    15 Septiembre 2016 a las 18:00 |
    Me he leído Trazos secretos y me parece un libro maravilloso. Muchas felicidades a su autora y espero seguir leyendo más libros suyos como ese.
    • Yolanda

      16 Septiembre 2016 a las 10:49 |
      Jaja, ¡¡muchísimas gracias, Bel!! ;DD ¡Ojalá, cielo, crucemos dedos! ;DDD

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