Sandra Brown - A Kiss Remembered

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Crítica realizada por Bona Caballero

En julio de 1983, Sandra Brown publicó "A Kiss Remembered" ("Un beso para recordar"), bajo el seudónimo de Erin St. Claire. Era el número 73 de la serie Silhouette Desire, de Harlequin/Silhouette.

Cuando se reeditó años después, en este caso por Warner Books en 2002, Sandra Brown introdujo un prefacio informando que era uno de esos romances genéricos escritos hace años. "Esta historia", advierte, "refleja las tendencias y actitudes que eran populares por entonces, pero sus temas son eternos y universales. Como en toda la ficción romántica, la trama gira en torno a amantes desdichados. Hay momentos de pasión, angustia, y ternura –todos los aspectos propios del enamoramiento".

Aunque la historia se desarrolla sobre todo cuando Shelley, la protagonista, tiene veintiséis años y estudia en una universidad en el nordeste de Oklahoma, en realidad aluden a acontecimientos ocurridos a lo largo de diez años.

Cuando Shelley era una animadora de instituto de dieciséis años, se enamoró de Grant, su profesor que tenía veinticinco años. En medio del entusiasmo por celebrar una victoria deportiva, Grant y Shelley se besan apasionadamente. Grant se da cuenta del riesgo que corre. Rápidamente busca otro trabajo, como ayudante de un congresista en Washington, D. C. Para gran decepción de Shelley cuando vuelve de vacaciones, su profesor favorito se ha ido.

Shelley acaba el instituto, va a la Universidad y se casa con un estudiante de Medicina. Porque es de esas mujeres para las que el sexo y el matrimonio van juntos. Deja los estudios y se pone a trabajar. Su esposo resulta un cretino y acaban divorciados después de cinco años frustrantes.

Shelley retoma sus estudios universitarios. Tiene un propósito loable, trabajar en un departamento de banco especializado en mujeres, particularmente aquellas con negocios propios "o divorciadas o viudas que por primera vez se tienen que hacer cargo de sus propias finanzas". Hoy puede parecer paternalista, pero no lo era a principios de los ochenta.

Y aquí es donde entra en escena de nuevo Grant Chapman. Después de un escándalo en Washington, ha regresado a la enseñanza. Y Shelley se ha apuntado a sus clases. Los dos recuerdan aquel beso que compartieron años atrás. Grant deja muy claro desde el principio que está atraído por ella, ahora que ella es mayor de edad y por lo tanto no hay problema. Al parecer, el que sean profesor y alumna no le preocupa lo más mínimo.

Grant persigue a Shelley. Y Shelley se resiste, porque sí que ve su relación como algo muy inconveniente. Además, aunque no sea muy creíble, el enamoramiento juvenil se ha transformado una década después en un profundo amor.

Se suceden escenas repetitivas. Con el mismo esquema: ella dice "no", Grant insiste en que ella realmente quiere decir "sí" y Shelley acaba cediendo "bueno, vale".

Es una novela perfectamente olvidable. La relees y es como si la leyeras por primera vez. No recuerdas nada en especial. Los protagonistas son muy poco memorables y no especialmente atractivos.

No hay una trama, en realidad. Así que el libro es de los que se cogen y se dejan fácilmente. Los secundarios que aparecen son de los antipáticos, ninguno interesante o divertido.

Los enamoramientos de adolescentes por sus profesores es un tema siempre bastante incómodo. A nadie le gustaría que su hija adolescente se besara con un profesor que le saca nueve años. Y aunque sean adultos, no parece correcta una relación amorosa profesor-alumna.

Resulta difícil dejarse seducir por el romance en esta historia. A pesar de que las escenas entre Shelley y Grant son muy sensuales y jugosas, algo en lo que Sandra siempre ha sido una maestra.

Eso sí, yo me quedo con una frase que pronuncia el protagonista, paladín de la coherencia personal frente a un mundo lleno de prejuicios. "Quizá debería prestar más atención a la opinión de otros. Sería más seguro y juicioso. Pero podría perder un montón de tiempo valiosísimo intentando adivinar lo que piensan de mí y encima es probable que me equivoque. Al final, hay que hacer lo que crees correcto para ti, más que lo que otros creen que es correcto para ti. Dentro de los límites de la decencia y la ley, por supuesto".

Grant Chapman es fiel a si mismo, sin ceder ni un ápice a las conveniencias sociales. Aunque el escándalo lo persiga, aunque amenacen su carrera. No admite un "no" por respuesta. Lo cual, cuando se trata de romance, suena a veces un poco anticuado.

Sólo adecuado para fans de Sandra Brown o adolescentes enamoriscadas de su profe.

Valoración: más bien irrelevante, un 4/10.

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