Lavyrle Spencer - Los dulces años

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Crítica realizada por Irdala

Cuando Linnea llega a Alamo no imagina que aquel hombre irritado que la recibe en la estación de tren se convertirá en su gran amor. Con sólo dieciocho años, la vehemente y alegre Linnea es la nueva profesora y está decidida a conquistar un lugar en la familia que la alberga, así como dentro de la comunidad.
Theodore es un granjero de treinta y cuatro años que vive con su madre y su hijo de dieciséis años. Al igual que los demás granjeros, Teddy se ocupa fundamentalmente de la cosecha y cuando Linnea llega a vivir a su casa, se siente invadido e irritado porque la joven no respeta las reglas tácitas de la comunidad.
Lentamente, en medio de las tareas cotidianas, surge entre ellos un amor profundo. Atemorizado por la diferencia de edad entre ambos, Teddy intenta alejarse de Linnea. Pero ella está dispuesta a aceptar el desafío porque sabe que él es su destino.


Todos y cada uno de los libros que leo de Lavyrle Spencer me dejan con una opresión en el pecho de la que me cuesta mucho trabajo recuperarme. Según cierro el libro me quedo mirando la contraportada sin ver nada... asimilando todo lo que he leído. Es difícil hacerlo porque ¡son tantas cosas!

Los dulces años no es sólo una preciosa historia amor, es también la historia de las vidas de una comunidad y de todas y cada una de las personas que la componen. Sin sus vivencias, sus problemas, sus quehaceres cotidianos, sus penas, sus dichas y sus desdichas, no tendría sentido el libro, pues sería uno más.

Es una historia que perfectamente pudo ser real. Se desarrolla en un pueblo de gentes sencillas donde su supervivencia depende del campo, del trabajo de sus propias manos, de la colaboración de toda la comunidad. Gentes que no tienen más aspiraciones que vivir cada día, trabajar, comer, dormir y de vez en cuando echarse unos bailes o unas partidas de cartas.

La historia transcurre entre los años 1917 y 1918. Linnea, una joven de 18 años, con su título de maestra recién conseguido y un montón de sueños de juventud debajo del brazo, llega al sencillo pueblo de Alamo.
Theodore Westgaard es un granjero de 34 años, viudo, con un hijo de 16 años y una fallida historia de amor detrás. Él es el encargado de recibir al nuevo maestro y darle cobijo en su casa. Pero la que baja del tren es una jovencita. Ni ella halla el pueblo que imaginó, ni él al maestro capaz de bregar no sólo con la enseñanza de los alumnos de distintas edades, sino con todo lo que conlleva el cargo en ese lugar.

Desde el principio chocan, pero sienten una fuerte atracción. Ella, en su dulce juventud, no pone frenos a nada... él, desde su madurez, intenta reprimir sus sentimientos viendo problemas por todas partes: la diferencia de edad, sus diferentes niveles culturales, sus distintos estilos de vida.
Al final el amor triunfa, claro, pero mientras tanto, la autora nos relata una preciosa, trabajada y difícil historia de vida.

He de decir que no me gustan los libros donde la diferencia de edad es tan acusada y la verdad es que lo empecé a leer con mucha reticencia, pero es que los libros de esta autora son más que una simple historia de amor, son mucho, mucho, muchísimo más, y una vez que empiezas a leer ya no puedes parar.

Con esa extraordinaria capacidad que tiene esta autora para "contar" y hacerte estar ahí, sentir el frío hasta los propios huesos, ver las caras de los personajes, oler sus ropas, sus casas, los campos... oír incluso las voces de los personajes, los trinos de los pájaros, los mugidos de las vacas, los relinchos de los caballos, el tañido de la campana... Palpar los miedos, las emociones más intensas, los sentimientos más profundos, la angustia... con todo eso y mucho más que no sé ni cómo explicarlo, Lavyrle Spencer consigue un maravilloso e inolvidable libro.

De unos protagonistas sencillos, un entorno pobre y rural, unos secundarios insignificantes en su cotidianidad y el vivir del día a día, esta autora crea una obra maestra, pero es que, claro, nadie como ella para retratar el alma de sus personajes, y son precisamente esas almas las que hablan y tejen la historia.

Durante su lectura, ha habido momentos es los que he tenido que cerrar el libro porque las emociones me podían. Sólo me pasa con los libros de esta autora. Nunca antes me había pasado. Me conmueven entera y me arrasan por dentro. Me oigo suspirando con congoja y me siento parte de las páginas de la novela.

No sé qué más decir, ni sé cómo decirlo... Me siento incapaz de comunicar lo que este libro transmite, hay que leerlo y experimentarlo en la piel.

No es una novela romántica al uso, al menos para mí, pero si le pongo un 10 creo que me quedo corta.


Crítica realizada por Mariam

¿Cómo explico lo que me parecido esta novela? No sé por dónde empezar pues hay tantas cosas que podría explicar…

Los dulces años me parece una novela que narra una historia de amor inolvidable dentro de un marco humilde y sencillo.  Creo que estamos más habituadas a leer novelas históricas rodeadas de un ambienta elegante, refinado e incluso de aventura. Son marcos muy románticos, muy atractivos y que te enamoran, pero esta novela de Lavyrle Spencer es un ejemplo de cómo las historias de amor no distinguen entre clases sociales ni la diferencia de edad. Es un ejemplo de cómo la pluma de una autora es la que marca la diferencia entre una novela de amor y una novela de amor en mayúsculas, y cómo con cualquier ambientación es propicia para una novela romántica.

Sus protagonistas, Linnea Brandonberg y Theodore Westgaard, provinen de mundos opuestos y muy alejados: ella es una joven maestra, recién salida de la escuela, llena de sueños y esperanzas, que abandona su hogar en la ciudad de Fargo para dar clase en la sencilla escuela de un pueblo de granjeros, en Alamo; él es un rudo granjero, trabajador y de firmes principios, que tiene treinta y cuatro años, vive con su hijo adolescente y su madre, después de que su mujer lo abandonara y le dejara con su hijo recién nacido, con lo que desconfía de las mujeres, sobre todo de las señoritas de ciudad y vive por y para su granja, sus caballos y sus campos de trigo.
¿Y qué sucede cuando se conocen Linnea y Theodore? Se llevan mal a primera vista, ¿pero no estas novelas las mejores y las que más disfrutas?
Yo sí, desde luego.

Las novelas de Lavyrle Spencer las descubrí gracias a algunas foreras que me las recomendaron mucho mucho. Como he dicho en otras ocasiones es una autora que no me atrevía a leer porque las sinopsis me hacían pensar en novelas muy dramáticas, lacrimógenas y casi deprimentes.
Los dulces años tiene su parte dramática, pero también una historia de amor preciosa, humana, intensa que nace poquito y poco, va floreciendo hasta la última página.

Me ha enamorado Theodore por su carácter silencioso, un tanto rudo, por su fortaleza, su honor e incluso por su hosquedad. Ir descubriéndole poco a poco, página tras página, me ha emocionado mucho y me ha hecho sentir un cosquilleo en el estómago a menudo, siendo testigo de cómo se enamora de Linnea, cómo trata de huir de esos sentimientos que cree imposibles hacia una joven de la edad de su hijo.
 Detrás de su terquedad, de su mutismo y sus palabras malhumoradas hacia Linnea vas descubriendo un corazón enorme, pero sin que llegue a parecer empalagoso, quiero decir que descubres un corazón muy humano, lleno de sentimientos que no quiere ni se atreve a entregar sin que resulte pasteloso tanto sentimiento.

Pero Linnea, pese a su juventud e inexperiencia, pese a su carácter soñador e inquisitivo, encuentra el modo de hacer que Theodore le descubra lo que sienta.
De Linnea me ha encantado su locura juvenil, su carácter emprendedor, su persistencia y su gran generosidad. La verdad es que hay escenas con las que me he reído mucho gracias a las ocurrencias y travesuras de Linnea.

La relación entre Linnea y Theodore me ha conmovido muchísimo por la manera en que, día a día, bajo un marco rural, la vida en el campo, las cosechas, las tormentas y mil fatalidades van descubriendo sus sentimientos por el otro y se enfrentan a ello.

En cuanto a los secundarios, todos, absolutamente todos se han ganado un hueco en mi corazón, incluso los personajes antagonistas… bueno, estos no tanto, la verdad.
Pero John, Nissa, Kristian, los niños de la escuela, el resto de Westgaard, todos son retratados con tanto mimo y detalle que puedes casi verlos en tu imaginación. Puedes ver cómo pasan las estaciones, la cosecha, cómo van acogiendo a Linnea en su comunidad…

Creo que Lavyrle Spencer es de las pocas autoras que logran describir con tanta nitidez a una población entera, detallando sus profesiones, sus vidas, sus personalidades, sus sueños, sus virtudes y flaquezas tan bien.

Y como trasfondo, la guerra cuyas implicaciones llega hasta la rural población de Alamo, marcando el destino de sus gentes y el futuro de los protagonistas de Los dulces años.
Podría escribir y escribir tantísimo sobre lo que me ha parecido esta novela, podría describir mis escenas preferidas, pero necesitaría páginas y páginas.
Así que sólo voy a decir de nuevo que es una novela preciosa, humana y conmovedora, una historia de amor creo que atemporal, que leas cuando la leas la sientes igual y te emociona igual.
Sin duda es una de las mejores novelas que he leído nunca.

Valoración: 5/5


 Crítica realizada por Linnea

Sabiendo como sabía desde hace tiempo que Lavyrle Spencer es una gran autora y, tras comporbarlo por mí misma leyendo "Dos veces amada", no podía haber empezado la lectura de "Los dulces años" con más ganas que con las que lo hice.

   Y mis ansias no fueron en vano.

   Desde el primer instante, la autora me contagió de la expectativa propia de las novatas en  su primera toma de contacto con cada nuevo empleo. Hice míos los nervios de Linnea en el tren, esperando su parada y se me humedecieron las palmas de las manos al sumergirme en la imaginación de la protagonista intentando adivinar cómo sería el primer encuentro con el inspector de escuela. Me veía ahí, sentada en el tren, adormecida por el traqueteo del  vagón, observando mis zapatos nuevos y sintiéndome segura por llevar un gran sombrero.

   Me enfadé con Theodore por sus bruscos modales y yo también hubiera querdio decirle un par de cosas al respecto; sentí las rozaduras de las botas de piel en los pies, abracé a Nissa a través de los brazos de Linnea y creció mi antipatía primero y mi agradecimieto después hacia Isabelle. Deseé enfrentarme yo misma al ministro y su esposa y lloré por la pobre Frances...

   No sé si por ser yo maestra también, como la heroína del libro, me he sentido más identificada aún con ella, ante la emoción contenida de oler, tocar, ver el primer aula de tu vida y los primeros alumnos que son puestos en tus manos. Quizá este hecho ha provocado que fuera más receptiva a la escritura de Lavyrle Spencer y menos objetiva a la hora de opinar. Sin embargo, estoy casi convencida, de que siendo los protagonistas de la trama una alta ejecutiva y un chef de moda, hubiera sentido la misma emoción.

   Creo firmemente que esta autrora tiene una magia especial, hace un uso de la pluma más que acertado, posee un tacto descriptivo más allá de lo normal y un verbo divino para hacer al lector partícipe de la historia.

   Es cierto que he sufrido la muerte de algunos personajes secundarios y el azote de la fiebre española casi en primera persona y, por ello, me enfadé sobremanera por conseguir que llorase tanto y que, tiempo después de haber cerrado el libro, aún siguiese echándolos de menos y recordando a los difuntos como si realmente los hubiera conocido en persona. Sin embargo, el hecho de entender que forman parte de la historia y aceptar que  estos hechos eran nota común en la vida de principios del siglo XX, me ayudó a superar "mi pequeña pérdida".

   Por estos detalles tan humanos, por saber introducir con magia y acierto desgracias en una historia romántica, sin convetirlo por eso en un drama o en una tragedia, es por lo que la autora tiene un lugar especial en mi corazón. Por escribir novelas tan hermosas, tan reales, tan cercanas, tan "esto le puede suceder a alguien de verdad", tan "qué bonita historia de amor real"... Lavyrle Spencer es tan, tan, tan....

   Sin embargo, y me duele ponerle un "pero", me decepcióno profundamente el final de la historia. Esta es uno de las cosas en las que eché tremendamente de menos un epílogo; porque ¿qué pasó con Kristian y su novia? ¿Y con el otro chico que se fue a la guerra? ¿Volvieron? ¿Se casaron? ¿Se murieron en el tiempo en que tardó en llegar la noticia del fin de la guerra? Por supuesto para mí todos volvieron a casa, fueron felices y comieron perdices pero, como dice la autora por boca de Theodore : las cartas tardaban casi tres semanas en llegar y nunca se podía estar seguro de que en ese transcurso de tiempo Kristian hubiera muerto.

   En fin, esta es mi única pega y por ello es por lo que no puedo ponerle un 11 a la novela, así  que, sintiéndolo mucho, me veo en la obligación de puntuarla sólo con 10.

   Creo que, hasta ahora, ninguna otra autora me ha conmovido tanto y tan profundamente como Lavyrle Spencer.


Crítica realizada por Tohko

Es el segundo libro que leo de esta autora y he de decir que lo comencé con ciertos reparos. Cuando leí la sinopsis en lo primero que me fije es en la acusada diferencia de edad entre los protagonistas. Finalmente tras leer las numerosas críticas positivas de este libro en muchos lugares me decidí a leérmelo. Y he de dar gracias por ello. Me ha parecido un libro precioso, donde no solo importa la historia entre los protagonistas sino la historia de la comunidad, de sus gentes, de sus problemas, de sus miedos e inseguridades.

Los dulces años es la historia de Linnea una joven de dieciocho años que tras obtener su título de maestra llega a Álamo un pueblo de granjeros. Es una joven con muchas ilusiones y sueños de juventud. Sin embargo no encuentra el pueblo que esperaba ni el caluroso y cariñoso recibimiento que esperaba y anhelaba. Theodore o Teddy como le llama su familia es un granjero de treinta y cuatro años que vive del trabajo en la granja, de la recogida de la cosecha y que tiene a sus espaldas una historia de amor fallida. Él tampoco encuentra lo que esperaba cuando va a la estación de tren a recoger al maestro, sino a una jovencita que él considera  que no es adecuada para el puesto.

A pesar de que ninguno de los dos empieza con buen pie, sí que hay atracción y a través de las circunstancias y la convivencia consiguen llegar a un final feliz. Es una historia de amor difícil debido a la diferencia de edad. Theodore negará lo que siente pensando que es lo mejor porque cree que ella debe estar con alguien de su edad, aunque Linnea no se lo pondrá fácil.
Ambos personajes poseen carácter, creen que saben lo que les espera la vida y cuál es su futuro. Sin embargo, la novela no solo son ellos dos, hay una serie de personajes secundarios encabezados por Nissa la madre de Teddy quien es una mujer fuerte para su edad, que ha pasado muchas privaciones y con un carácter impetuoso. También está Kristian un joven que ha crecido sin su madre y tan solo posee el cariño de su padre y su abuela. Linnea es toda una sorpresa para él, por ser mujer y por ser casi tan joven como él.

Todos los personajes de esta novela están muy bien caracterizados, como tan bien están descritos los paisajes donde se desarrolla la novela, la granja, el pueblo, el sol en el crepúsculo e incluso los sonidos ambientales como el trinar de los pájaros.

Cada vez que leo un libro de esta autora me sorprendo porque tiene una forma de contar o narrar muy característica, y me resulta muy gratificante porque es como si tú misma estuvieran allí con los personajes. Es una autora que acabo de conocer, pero creo que a partir de ahora no dejaré de leerla. Desde luego si alguien no ha leído nada de esta autora creo que esta novela es un buen libro por el que empezar.


Crítica realizada por Dougless

Poco puedo contar de esta novela que no se haya dicho ya. Lo primero es que he acabo encantada, maravillada y como soñando. He pasado varios días dándole vueltas a la historia.

 No había leído nada de esta autora y escogí esta por todas las buenas criticas y puedo afirmar sin lugar a dudas que es , para mí, el mejor libro que he leído en años, muchos años.

Me he sentido totalmente cautivada e identificada por la historia, quizá sea porque naci y vivo en un pueblo y todo lo que narra más o menos lo conozco, ahora estamos un poco mas adelantados pero aquí también dependemos de las estaciones y de los animales.

Teddy y Linnea me ha llegado al alma, es un amor puro y verdadero, que hace frente a la dureza de la vida y aun asi sale adelante. Me he enamorado de Teddy, con su silencio, su brusquedad y su honestidad ha sabido conquistarme. Linnea con el impulso que le da la juventud y esa manera tan natural de vivir su primer amor ha conseguido poco a poco engancharme.

Este libro me ha provocado sobre todo sentimientos, recuerdos de mis tiempos de niñez, de las historias de mis padres , que estudiaban en una escuela rural con un solo maestro para todos, de la emoción de mis abuelos cuando me hablaban de la guerra, de lo duro que fue para todos y sobre todo de la postguerra, donde lo importante era no morir de hambre.

He sido transportada a una historia tan nítida y real , tan humana y por lo tanto a veces tan cruel como la vida misma, donde lo importante es sobrevivir y el dia a dia, con sus diversiones tan sencillas como únicas, donde la vida te golpea una y otra vez pero hay que seguir adelante, donde la nieve trae muchos problemas pero aun asi es muy beneficiosa para todos, donde los animales son una parte muy imporante de la familia porque de ellos depende muchas veces el sustento. En fin, que he acabado encantada y enamorada de esta autora.

Por supuesto le doy un diez.


Crítica realizada por Katon

 

Qué injusto empezar una crítica sabiendo que será imposible expresar todo lo que se ha sentido al leer el libro.

Linnea es una joven de dieciocho años que llega a El Alamo como la nueva profesora de escuela. Está emocionada por todo lo que le rodea, por estar recién titulada, por ser su primer empleo, y por independizarse de sus padres. Se alojará en casa de uno de los granjeros, lo que no imaginaba es que ese granjero casi la deja en la estación al descubrir que es una mujer. Theodore Westgaard es un granjero de treinta y cuatro años que vive con su madre y con su hijo de dieciséis años. La espontaneidad y comportamiento de Linnea le recordarán la juventud ya perdida, pero con sus malos modos solo consigue incitar y provocar más curiosidad en esa joven. Theo crió, con ayuda de su madre, Nissa, al hijo que tuvo con una joven que le abandonó para vivir en San Francisco. Kristian es un buen hijo al principio se sentirá atraído por la nueva maestra. Los enfados y enfrentamientos entre la joven maestra y Teddy son constantes y llenos de tensión. Pero la convivencia y momentos difíciles los unirán más de lo que ninguno se podría imaginar.

Los niños que componen la escuela, todos los Westgaard que habitan por la zona, y el párroco y su familia conforman los personajes de esta gran historia. En la escuela Linnea observará cómo los mayores ayudan y protegen a los pequeños, la diferencias entre la ciudad y la forma de vivir, de comer y de ayudarse en esas regiones remotas y duras para el hombre. La primavera es dulce y alegre, pero las tormentas de nieve y el trabajo diario que requieren los campos hacen que todo pueda desaparecer en un momento. Todo esto con la primera guerra mundial como telón de fondo.

Hay momentos y situaciones a lo largo de la novela muy emotivos, cómo Teddy se esfuerza por aprender a leer, cómo todos los Westgaard se unen para apoyarse y defenderse, pero también momentos muy tristes, esa ventisca que se llevó a uno de los personajes más queridos, y la epidemia de gripe española, tan cruel e inexorable como la propia vida. Si en un principio pensaba que la diferencia de edad era demasiado grande o que sería un obstáculo para los sentimientos de alguno de sus protagonistas la autora demuestra que no es verdad. Sí, la edad es una brecha que los separa, pero el amor va mucho más allá de esa diferencia de fechas.

Este año he descubierto a Lavyrle Spencer, aunque había oído hablar de ella, tenía ciertas reticencias a leer alguno de sus libros; qué tonta puedo llegar a ser. Esta autora es una gran narradora de historias. Con una ambientación rural, que podría ser tediosa pero que no lo es en ningún momento, ha tejido una gran historia de amor, con un grupo de personajes variopintos pero no por ello menos entrañables. La magia que envuelve a sus palabras ha conseguido lo que hacía mucho que no me pasaba, llorar con un libro, he sentido rabia por unas muertes tan injustas, pero también esperanza; esperanza por crecer junto a otra persona, por recuperar lo que se creía olvidado, y por no perder nunca la esperanza.

Una gran historia de amor en mayúsculas.

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