Jo Beverley - Diabólica

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Crítica realizada por Cris

Diana ha pedido al rey Jorge que le deje ocupar un sillón en el Parlamento como condesa de Arradale y participar junto con el resto de nobles en las decisiones de Estado. El rey no tiene nada en contra de la inteligente y testaruda condesa, pero está convencido de que la nobleza británica no verá con buenos ojos la presencia de una mujer en sus airados debates políticos. La mejor solución será encontrarle un esposo. Pero ¿quién se atrevería a casarse con una mujer rebelde, altiva y, sobretodo, poderosa? Sólo hay un hombre en Inglaterra al que no le aterraría la idea. Pero ese hombre, Bey Malloren, está demasiado ocupado con las tierras de su marquesado y con su labor política. Sin embargo, el rey intuye que una vez encuentre una excusa para que Diana y Bey pasen unos días juntos, la atracción entre el siniestro marqués y la indomable condesa será demasiado poderosa...

Bey y Diana ya se conocen. Ya han pasado unos días juntos por la boda de Brand y Rosa. Ya saben el peligro que corren ambos en la presencia del otro pero algo les impulsa a estar juntos aunque ellos lo evitan constantemente. La orden del rey precipita los acontecimientos y les obliga a convivir durante tres días. En estos tres días, la pasión hace presa de ellos y se irremediablemente arrastrados por su marea. De todas formas, Bey sabe que no debe casarse ya que el riesgo es excesivo pero no cuenta con que Diana ha abandonado su decisión de permanecer soltera y pretende conquistarle y, lo que es aún peor, hacerle salir de la coraza que le tiene prisionero.

He oído muchas opiniones desfavorables hacia este libro pero la verdad es que a mí me ha gustado mucho. No me ha decepcionado en lo más mínimo y me ha emocionado profundamente. El enfrentamiento de sus voluntades, la conspiración de los franceses para acabar con la vida del marqués y la lucha interior de éste para convencerse de que no podía ser feliz, construyen una historia preciosa, digno final de la saga (aunque la autora comentaba que, tal vez, se escribiera la historia de Víctor, el hermano menor de los Ware). También me encantó ver como Bryght habla con su hermano intentando hacerle ver que la vida constituye un riesgo en sí misma, que intentar controlarlo todo es humanamente imposible y que no es justo hacer sufrir a nadie por causa del orgullo.

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 Crítica realizada por Bona Caballero

Jo Beverley publicó "Diabólica" (título original en inglés, "Devilish") en 2000. Ganó el Premio RITA al mejor romance histórico largo. Posiblemente sea una de las mejores novelas de la autora.

Es el quinto libro de la serie Malloren (que llegó a la novela n.º 12 en 2012), pero se puede leer individualmente. Desde la primera novela conocemos a Beowulf Malloren, marqués de Rothgar, "Bey" para los amigos y "Rothgar" para todos los demás. Un tipo más bien oscuro y misterioso, frío y controlador, solitario protector de sus hermanos menores. Incluso hacía sombra a los protagonistas de los libros precedentes. El Marqués Siniestro y la "éminence noire" de Inglaterra ha renunciado al amor. Un personaje tan carismático crea muchas expectativas y existe el riesgo de decepcionar al lector. En el libro anterior de la serie, "La dama del antifaz" (1999) aparece Diana, condesa de Arradale, y la tensión entre ellos ya anunciaba que posiblemente ella fuera su pareja.

Estamos en 1763, a principios del reinado de Jorge III, sí, el que años más tarde perdió las colonias americanas, enloqueció y su hijo tuvo que actuar como Regente (de ahí la época de la Regencia que constituye un sub-género romántico por si solo). Cuando la novela empieza, sin embargo, el Príncipe de Gales es sólo un bebé de un añito y los reyes, un par de jóvenes enamorados que defienden el matrimonio y el papel de la mujer como esposa y madre.

Ni Rothgar ni Diana los complacen, pues los dos han renunciado al matrimonio. Él, porque es hijo de una madre loca e infanticida, y tiene miedo a transmitir la mala sangre a sus hijos. Ella, porque vive muy bien de manera independiente y libre; si se casa, todo su poder pasará a su marido.

Unas bodas familiares reúnen a Diana y Rothgar. Los dos temen lo que pueda pasar, porque son conscientes de su atracción mutua. Esta primera parte del libro, quizá la que se hace más pesada, consiste básicamente en Diana y Rothgar intentando evitarse el uno al otro. Pero Diana se da cuenta de que, sin dejar de estar soltera, quizá podría lograr alguna satisfacción física, un besito, algo sin importancia.

Diana le pide al rey ocupar el asiento de su condado en la Cámara de los Lores. Jorge III se queda horrorizado ante una petición que le parece antinatural. Rothgar tendrá que llevar a Diana a la corte, a ver si le encuentran un marido que le quite esas ideas de la cabeza. Si no lo escoge, lo hará el rey. Y si no cede, pueden encerrarla en un manicomio.

Allá van los dos a Londres. Por el camino, los acecha más de un peligro. Rothgar le aconseja sobre cómo portarse en la corte si quiere regresar a Yorkshire soltera. Además, estar juntos por los caminos multiplica las oportunidades de ceder a la tentación amorosa. Y como Rothgar es un hombre poderoso con influencia política, sus enemigos quieren destruirlo.

Los personajes resultan tremendamente atractivos. Rothgar es prototipo de héroe romántico: controlado, inteligente y audaz. Sus hermanos han conseguido la felicidad matrimonial, pero él se encuentra solo y aislado. A Diana le falta experiencia del mundo, pero le sobra decisión, valentía e inteligencia. Cuando se enamora, no duda en esforzarse por destruir el muro que Rothgar ha construido alrededor de su corazón.

La ambientación está logradísima. Consigue llevarte a la época georgiana. Los personajes son muy verosímiles. Nada que ver con esas fantasías pseudo-históricas con personas del siglo XXI disfrazadas con guardarropía de teatro en un mundo de cartón-piedra.

Hay interesante detalles de la época, como la pequeña historia de los autómatas, inquietantes muñecos con movimientos.

No esperéis una profusión de alegres encuentros sexuales ya que, como propio de la época, Diana se arriesga mucho si tiene sexo fuera del matrimonio, y, en coherencia con el personaje de Rothgar, temeroso de dejar hijos que hereden la locura familiar, tiende a controlarse bastante en este aspecto. Su amante Safo, por ejemplo, es estéril.

Además Beverley sabe transmitir muy bien ese "carácter nacional británico" que bastantes escritoras estadounidenses, para mi gusto, no acaban de captar. La contención aunque ardan por dentro, los ramalazos de humor sutil. Estaría fuera de lugar que Rothgar se pusiera en plan apasionado y fuera de sí. "El omnipotente, omnisciente, infinitamente controlado marqués de Rothgar" ha de seguir siendo él mismo, sólo que enamorado.

El amor y el deseo se reprimen bajo una civilizada capa de buenos modales, pero por debajo, como en una cacerola tapada, bulle el agua hirviente. Incluso recurriendo a la hipocresía, diciendo lo contrario que uno piensa para abrirse paso en la retorcida corte georgiana.

Como en toda buena historia de amor, para lograr su final feliz, Rothgar y Diana tienen que superar sus miedos. Los riesgos siguen estando ahí, lo que pasa es que tienes que aceptarlos. Quien no juega, no gana. Sólo así cabe la posibilidad de ser feliz en la Tierra.

Jo Beverley logra un buen nivel histórico y literario. Podría haber caído fácilmente en clichés de la novela histórica: matrimonio forzado, hijo secreto, odio mutuo transmutado de repente en encendido amor irrefrenable, explicación racional de la locura de la madre, un tonto malentendido, insinceridad entre los protagonistas,... Pero no lo hace. No aparecen ninguno de estos tópicos.

En suma, ideal para las que quieran novela histórica con un poco de chicha y solidez narrativa.

Valoración: 8/10, muy buena.