Artículo 22: El escritor como corrector (I)

  • Fecha: Miércoles, 19 Octubre 2016
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ARTÍCULO 22 ― EL ESCRITOR COMO CORRECTOR (I)

Un texto no está terminado si no ha sido reescrito. Infravalorar la importancia de la revisión es el error más grave que podemos cometer como escritores.

En muchas ocasiones, al ponerle el punto final a un borrador, nuestro lado soberbio nos hará creer que todo es fantástico; nuestro lado perezoso se va a sentir sin fuerzas para seguir trabajando en un proyecto que ya ha consumido toda nuestra energía, y nuestro lado temeroso va a rehusar plantarle cara a algo que no sabemos por dónde agarrar. Sin embargo, no debemos permitir que ninguno de los tres se imponga; la corrección es imprescindible.

Piensa cada palabra. Aspira a la perfección. No te conformes nunca con la primera opción que se te pase por la cabeza. Se hayan inspirado en lo que se hayan inspirado, los primeros borradores siempre pueden mejorarse. La escritura automática está muy bien para dejar volar la imaginación y disponer de material sobre el que empezar a trabajar, pero un texto vomitado sobre el papel y una buena novela no son la misma cosa.

La corrección es un proceso largo, lento y, en ocasiones, tedioso. Sin embargo, la labor de corrección debe repetirse todas las veces que haga falta y durante el tiempo que haga falta. Nos lo debemos a nosotros mismos, pero sobre todo se lo debemos a los lectores. Para ello, es indispensable pensar como lo haría un lector, así como aprender a tomar las decisiones desde ese punto de vista. Es un ejercicio difícil, ya que resulta complicado tomar la distancia suficiente que nos permita evaluar nuestra obra y a nosotros mismos de forma objetiva, pero no imposible.

Es indudable que la existencia de correctores profesionales resulta muy útil y que estos pueden ayudarnos a sacar brillo a un texto, pero eso no nos exime, como autores, de colocarnos el sombrero de correctores tras poner el punto final a un borrador y tratar de sacar el máximo partido de este desde nuestra peculiar perspectiva. Lo mejor que podemos hacer en estos casos es asumir la tarea de revisar con paciencia, tenacidad y sin perder de vista ciertas pautas que nos pueden ayudar:

·         Trata de dejar pasar un tiempo, aunque sea breve, entre el final del borrador y el comienzo de la primera revisión. Esto te permitirá tomar distancia respecto a la obra y valorarla con ojo más crítico.

·         No tengas miedo a tachar, añadir, reformular, modificar, reubicar. Es lo que se espera de ti en este momento de la creación, así que afila el lápiz y ten siempre a mano un bolígrafo rojo. Aquí ya no eres el sobreprotector padre de la criatura, sino el juez implacable.

·         Si imprimes el manuscrito en papel y si, además, lo haces en una tipografía diferente a la que empleaste durante su escritura, lo verás de otra manera y eso ayudará a que “no reconozcas las palabras”.

·         Es fundamental que sigas un protocolo a la hora de corregir. No es lo mismo cambiar de sitio una coma que cargarse a un personaje que no funciona en el conjunto de la historia. Por ello, es adecuado que establezcas fases diferentes en función de lo que vas a revisar de cada vez: estructura, estilo y ortotipografía. De todas ellas hablaremos detenidamente en el próximo artículo.

  

Recuerda que puedes iniciar tu formación hoy mismo con los talleres de escritura que imparte Érika Gael a través de ESCRibir Formación Literaria.

Más información en http://comoserescritor.com

ARTÍCULO 22 ― EL ESCRITOR COMO CORRECTOR (I)

 

Un texto no está terminado si no ha sido reescrito. Infravalorar la importancia de la revisión es el error más grave que podemos cometer como escritores.

 

En muchas ocasiones, al ponerle el punto final a un borrador, nuestro lado soberbio nos hará creer que todo es fantástico; nuestro lado perezoso se va a sentir sin fuerzas para seguir trabajando en un proyecto que ya ha consumido toda nuestra energía, y nuestro lado temeroso va a rehusar plantarle cara a algo que no sabemos por dónde agarrar. Sin embargo, no debemos permitir que ninguno de los tres se imponga; la corrección es imprescindible.

 

Piensa cada palabra. Aspira a la perfección. No te conformes nunca con la primera opción que se te pase por la cabeza. Se hayan inspirado en lo que se hayan inspirado, los primeros borradores siempre pueden mejorarse. La escritura automática está muy bien para dejar volar la imaginación y disponer de material sobre el que empezar a trabajar, pero un texto vomitado sobre el papel y una buena novela no son la misma cosa.

 

La corrección es un proceso largo, lento y, en ocasiones, tedioso. Sin embargo, la labor de corrección debe repetirse todas las veces que haga falta y durante el tiempo que haga falta. Nos lo debemos a nosotros mismos, pero sobre todo se lo debemos a los lectores. Para ello, es indispensable pensar como lo haría un lector, así como aprender a tomar las decisiones desde ese punto de vista. Es un ejercicio difícil, ya que resulta complicado tomar la distancia suficiente que nos permita evaluar nuestra obra y a nosotros mismos de forma objetiva, pero no imposible.

 

Es indudable que la existencia de correctores profesionales resulta muy útil y que estos pueden ayudarnos a sacar brillo a un texto, pero eso no nos exime, como autores, de colocarnos el sombrero de correctores tras poner el punto final a un borrador y tratar de sacar el máximo partido de este desde nuestra peculiar perspectiva. Lo mejor que podemos hacer en estos casos es asumir la tarea de revisar con paciencia, tenacidad y sin perder de vista ciertas pautas que nos pueden ayudar:

 

·         Trata de dejar pasar un tiempo, aunque sea breve, entre el final del borrador y el comienzo de la primera revisión. Esto te permitirá tomar distancia respecto a la obra y valorarla con ojo más crítico.

 

·         No tengas miedo a tachar, añadir, reformular, modificar, reubicar. Es lo que se espera de ti en este momento de la creación, así que afila el lápiz y ten siempre a mano un bolígrafo rojo. Aquí ya no eres el sobreprotector padre de la criatura, sino el juez implacable.

 

·         Si imprimes el manuscrito en papel y si, además, lo haces en una tipografía diferente a la que empleaste durante su escritura, lo verás de otra manera y eso ayudará a que “no reconozcas las palabras”.

 

·         Es fundamental que sigas un protocolo a la hora de corregir. No es lo mismo cambiar de sitio una coma que cargarse a un personaje que no funciona en el conjunto de la historia. Por ello, es adecuado que establezcas fases diferentes en función de lo que vas a revisar de cada vez: estructura, estilo y ortotipografía. De todas ellas hablaremos detenidamente en el próximo artículo.

 

 

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Comentarios (2)

  • MJ

    MJ

    22 Febrero 2017 a las 19:38 |
    Muy interesante. Gracias por las pautas.
  • Malory

    Malory

    20 Octubre 2016 a las 20:37 |
    Las temidas revisiones, si mil veces leo lo escrito, mil veces hago cambios.

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